TAO Y TAI CHI CHUAN

El origen de este universo manifiesto es el WU CHI, el vacío o la fuente original, “...algo misterioso y oculto que es la madre de todas las cosas...” (Tao Te Ching), un misterio que hoy día, con el desarrollo técnico impresionante con que cuenta la ciencia, no se puede develar, ¿de dónde surgió la materia concentrada que comenzó a expandirse a partir del big-bang? Sigue siendo un misterio. En algunas tradiciones, se dice que este universo material surge de un universo espiritual, es como una proyección del mismo, pero negar o afirmar eso, es entrar en un escabroso territorio de creencias que, de momento, no pueden demostrarse, pero al menos sirven de alerta pare que los científicos acepten con humildad lo limitado de sus conocimientos ante estas preguntas fundamentales. Y tal vez pueda ocurrir que en busca de respuestas, exista una integración mayor entre la ciencia material y el conocimiento espiritual, que es el paso que toda dar en todas las áreas del conocimiento: la medicina, la psicología, la filosofía etc. …

Cuando se manifiesta este universo material, “...el Uno se convierte en Dos...”. Surgen el Yin y el Yang, las dos polaridades a partir de las cuales se crea la tensión necesaria para dar sustancia a las “mil cosas”. ¡Todo vibra! Y el movimiento que genera esta integración polar es el TAI CHI. Por eso, en el arte del Tai Chi Chuan (Tai Ji Quan), la observación de este principio mutante a partir del cual se busca desarrollar conciencia y energía, es el fundamento esencial. Sin embargo, a diferencia de algunos otros sistemas filosóficos, el taoísmo, de cuyos principios el Tai Chi Chuan trata de ser una manifestación práctica, no nos plantea una observación intelectual, sino una experiencia directa que se va desarrollando poco a poco con la práctica, para luego expresarse como resultado en todos los aspectos de nuestra vida. Desde el inicio mismo de su práctica el Tai Chi Chuan nos ubica, seamos conscientes o no, en otra perspectiva mental, a partir de lo cual conceptos como el “no hacer” (detener la mecanicidad del cuerpo y la mente) comienzan a sernos evidentes.

Lo primero que un practicante debe aprender, es a dar pasos “vacíos”, distinguir entre lo lleno y lo vacío, yin y yang. Se dice...”caminar sobre un lago helado”, tantear el terreno, desplazar el peso de una pierna a otra, con el eje vertical, conectando Cielo y Tierra, lo cual es una idea, pero a la vez un hecho, una sensación clara en los pies y en la coronilla. La dificultad misma de los pasos que, lejos de ser naturales, como dijimos antes, nos llevan a romper la mecánica a la que estamos habituados, nos hace estar presentes y alertas, recordándonos al menos en apariencia que “...el hombre sabio es cauteloso como si temiera peligros por doquier...”(Tao Te Ching)

A pesar de las resistencias que cada uno haya desarrollado, las cuales se reflejan como tensión que se evidencia en la quietud y en el movimiento, si se persevera en la práctica, todo practicante comienza a notar sus propias tendencias, como un obstáculo el fluir natural del movimiento y la energía. En principio este es un concepto discutible por eso me encuentro a menudo con personas que influenciadas por otras disciplinas como la danza o la expresión corporal, me dicen... “a mí me surge hacer este movimiento así, más amplio”, o  “me gusta más de esta manera”...etc. A lo cual les explico que, detrás de cada uno de esos movimientos, refinados a lo largo de un milenio, hay una aplicación marcial, hay una intención energética, pero sobre todo, se nos transmite la experiencia del “Sendero Medio”, la línea de menor resistencia, el equilibrio justo para armonizar el Yin y el Yang y... “pulir nuestras aristas” refinando nuestras inclinaciones personales, producto de nuestros condicionamientos, a la luz de la armonía del Tao.

Tenemos en cuenta que todo acto físico tiene una respuesta psicológica y viceversa, y de la mima forma en que las emociones repercuten en nuestra respiración, buscamos a través del control del movimiento y la respiración, el control o armonización de las mismas.

La complejidad de los movimientos de Tai Chi Chuan, exige un gran desarrollo psicomotriz, que de forma gradual e imperceptible irá estimulando ambos hemisferios cerebrales por igual (los cuales son el máximo representante del Yin y el Yang en el cuerpo) facilitando una mayor sincronicidad, que luego nos permita acceder a una experiencia de la “totalidad de nosotros mismos” o “estado de consciencia acrecentada”, que se volverá más notoria en la meditación pero que comenzará a tener una influencia importante en nuestra vida.

Hay que tener en cuenta que todo el desarrollo de lo que podríamos llamar estructura interna del Tai Chi Chuan, está basado en los principios taoístas, ya sea que surgiera esta asociación de forma espontánea o tras un estudio minucioso de los mismos, por lo cual, también el practicante debe dedicar momentos a “sentir”, sin pensar, y momentos a estudiar y comprender esta profunda asociación. Así vemos como las 13 Posturas que son la base del Tai Chi Chuan, responden al Pakua (Ba Gua) los 8 Trigramas (Cielo, Tierra, Viento, Fuego, Agua, Montaña, Trueno, Lago) que originan los 64 Hexagramas del I CHING (El Libro de los Cambios), a los cuales se añaden los 5 Elementos (Agua, Madera, Fuego, Tierra, y Metal).

Gradualmente, a medida que se va desarrollando la sensibilidad y se van comprendiendo la característica de estas fuerzas, se irán sabiendo utilizar estratégicamente, tanto en la aplicación marcial de los movimientos como el búsqueda de la salud y la armonía.

Un gran regalo de esta disciplina es la posibilidad del trabajo en solitario, que es la base fundamental en toda práctica espiritual, la vía imprescindible para toda transformación personal, que dependerá exclusivamente de nuestro esfuerzo y dedicación, dándonos la posibilidad de experimentar el Arte como forma de vida cualquiera sean nuestras circunstancias concretas.

Sin embargo, es en el trabajo en pareja, Tui Shou (Empuje de manos), San Shou (Combate Libre), donde la consciencia de la alternancia del Yin y el Yang, y la Tierra como eje, representando en nuestro propio centro (Tan Tien) se vuelve más evidente, permitándonos a medida que se desarrolla la sensibilidad, hacer una lectura energética de nuestro oponente, con un mínimo contacto, y a su vez, ver reflejadas en el mismo toda forma de obstrucción en nuestro propio flujo energético.

Como resultado de la práctica individual, y la práctica en pareja, así como al utilizar armas, que más allá del refinamiento de las técnicas de mano vacía, tienen como objetivo llevar nuestra intención más lejos, más allá del cuerpo, una forma indirecta de adiestrarnos en la expansión de la energía más allá de las manos, adiestramiento indispensable del “Guerrero de la Luz”, modelo taoísta, que a la vez debe ser un “Sanador”, desarrollaremos un progresivo conocimiento de nuestro cuerpo energético, como una realidad tangible, que nos llevará a intuir la alineación adecuada, la colocación justa de cada parte de nuestro cuerpo que deberá ser un vehículo adecuado para que esa expansión energética que nuestra evolución requiere, pueda ocurrir, y nuestro sistema nervioso pueda adecuarse a los cambios de “tensión”, y nuestro sistema endocrino pueda metabolizar armónicamente ese despliegue energético, mientras nos adentramos en el misterio, develando poco a poco, la vía de los Inmortales, el Camino del Cielo.

 

 

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Maestro Fernando Liuzzi, director del Departamento de Estilos Internos de UNION WUSHU y de la Escuela de Artes Marciales, Filosofía y Medicina Tradicional China WUDANG SHAN (Granada)  , así como del Centro de Retiro y Prácticas Taoístas LAGO DE LAS SIETE ESTRELLAS.