TAO Y CAMINO DEL GUERRERO.

Hablar del Camino del Guerrero tiene una connotación muy distinta para cada uno según el enfoque personal , y a veces en el contexto de las Artes Marciales, puede adoptar una significación diametralmente opuesta a lo que podríamos considerar “El Camino del Tao”.

Si bien encontraremos elementos comunes en la apreciación de esa idea como pueden ser: la disciplina, la estrategia, la impecabilidad, la voluntad, la constancia...etc., todas estas cualidades que se manifiestan en la técnica, adquieren una dimensión más profunda, espiritual, solo cuando van acompañadas de otras menos ponderadas como la humildad, el amor, la compasión, la aceptación, el olvido de sí mismo, la falta de importancia personal, la actitud de servicio...etc. Sin las cuales no se alcanza a comprender que “la verdadera lucha es con uno mismo”. Entonces nos damos cuenta que la motivación, el objetivo, va a ser el elemento fundamental para que nuestra práctica marcial sea o no parte de ese “Camino del Guerrero” a la luz del Tao.

 

“El mejor militar no es marcial

El mejor luchador no es agresivo,

El mejor conquistador no entabla combate,

Un buen dirigente se coloca por debajo de sus ayudantes,

Eso se denomina la virtud de “no luchar!,

Esa es la energía que mejor obedecen los hombres,

Esa es la sabiduría de los Antiguos:

Alcanzar la Unidad del Cielo”

(Tao Te Ching, LXVIII)

 

Así vemos que sólo cuando nos volvemos conscientes de que la mayor parte de las dificultades que surgen en nuestra vida, son el resultado de nuestra propia reacción ante la realidad que nos toca vivir, de nuestra falta de capacidad para aceptar las cosas tal como son, de los fragmentos de nuestro pensamiento estructurado sobre la base de experiencias que han dejado huella en nosotros y tienen un efecto condicionante, que a la vez se cristaliza en emociones que van distorsionando nuestra percepción de la realidad; es decir, cuando tomamos conciencia que lo que nos impide ser felices y vivenciar la unidad de todas las cosas, somos nosotros mismos, es cuando realmente podemos iniciar el Camino del Tao.

Entonces nuestra práctica en las Artes Marciales será de gran ayuda, nos dará centro, fortaleza, temple, voluntad, de forma que el mismo esfuerzo necesario para moldear el cuerpo y refinar nuestra técnica, irá abarcando cada vez aspectos más amplios de nosotros mismos, ayudándonos a desarrollar ecuanimidad y ese cierto desapego necesario para trabajar con nuestro cuerpo, nuestras emociones y poder así ir “limando las aristas” de nuestro propio ego, que impidan que fluyamos de forma adecuada con el devenir. No obstante debemos comprender que esto es sólo una parte, que aspectos más sutiles deben intervenir y que la determinación y la humildad necesaria para buscar y encontrar un maestro cualificado son aspectos imprescindibles.

En este tiempo tan particular en que nos ha tocado vivir, como un estigma propio del amanecer de la era de acuario en que el conocimiento ha salido a la luz del día y los procesos evolutivos se manifiestan de forma colectiva, muy distinto al camino individual y el oscurantismo de la era de piscis, tenemos increíbles ventajas que sintetizan el tiempo y la energía necesaria para desarrollar el conocimiento de lo que sea nos interese, por un lado la facilidad actual para viajar, y por otro lado Internet, que es sin duda la verdadera revolución cultural a partir de la cual, incluso las barreras ideológicas, políticas, religiosas y culturales parecen desmoronarse al ampliar sus horizontes más allá de la identificación con el entorno inmediato.

Sin embargo a pesar de tener ahora más información que nunca, las personas parecen estar menos preparadas o menos dispuestas a realizar el esfuerzo necesario para convertir en una experiencia real, tantas teorías filosóficas que sin una práctica consecuente, sólo satisfacen intelectualmente la sed del alma, ya sea por haberse habituado a un mayor confort, ya sea por valorar menos una posibilidad en medio de tantas otras...

De esta forma, poco a poco, van desapareciendo, tanto en Oriente como en Occidente, la tradición iniciática a través de la cual un maestro puede guiar a un aspirante en ese camino de la Oscuridad a la Luz, de lo Personal a lo Impersonal , de la Vida Ordinaria a la Divinidad del Guerrero.

Veamos por ejemplo algunos procedimientos propios del Budismo Chan o del Zen, que en su momento tanto ha impregnado la vida de los dojos y de las Escuelas de Artes marciales Chinas y Japonesas.

Antiguamente, alguien que quisiera introducirse en su práctica, debía primero acercarse a un templo como visitante, durante al menos un año, participando en retiros y ceremonias, mostrando siempre una conducta adecuada y una actitud de servicio, hasta ganarse la confianza de alguno de los Maestros del mismo. Luego, si su intención era profundizar más, y abrigaba la intención de hacerse monje, debía conseguir que dicho Maestro lo avalara como padrino, tras lo cual era enviado, con una carta de recomendación, a algún templo en una región distante de su ámbito familiar. Al llegar allí, a pesar de llevar su carta, invariablemente se le ponía a prueba, comenzando por no dejarle entrar en el Templo durante varios días, dejándolo expuesto a las condiciones climáticas más duras, sin comida y debiendo él mantener la compostura en todo momento, a veces insultándolo e insistiéndosele en que es una persona débil y tonta, no preparada para la vida monástica. Si aun así el aspirante persistía, finalmente se le daba comida y se lo hacía entrar en una celda a la vista de todos, donde permanecía varios días más sin que se le hiciera el menor caso, solo cada tanto para tratar de disuadirlo de su determinación.

Si todo esto lo aceptaba sin protestar mínimamente, finalmente era aceptado como novicio, encomendándosele durante al menos un año, todas las tareas más duras, que no eran pocas, recibiendo apenas una mínima instrucción personal por parte del Maestro. Solo pasado este periodo era ordenado oficialmente como monje y comenzaba a recibir un trato cordial por parte de sus hermanos. A los tres años debía abandonar el monasterio, pudiendo permanecer en él solo unos pocos escogidos por el Abad, para perpetuar el linaje. Tras esta larga austeridad que incluía periodos intensivos de práctica meditativa y de duros trabajos estacionales, se consideraba que por fin estaba preparado para afrontar con ecuanimidad todos los aspectos de la vida, la mente y las emociones, desarrollando distintos roles en la sociedad, sin dejar de lado el Camino del Guerrero.

Considerando todo esto...

¿ Cuántas personas que conocéis en el mundo de las Artes Marciales estarían realmente dispuestas a un entrenamiento semejante?  … ¡Hay demasiado orgullo!

¿Y quién quiere rendirse de forma de confiar más en el Maestro que en su propia mente?

¿Y quién se esmera en refinarse por amor al prójimo e intención de servicio?

¿Podemos hacer de las Artes Marciales parte de ese Camino del Guerrero?

 

“Puede que un día el Sol salga por Occidente,

pero el Bodhisattva (El Guerrero) tiene un solo Camino.” (T. Susuki)

 

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Maestro Fernando Liuzzi, director del Departamento de Estilos Internos de UNION WUSHU y de la Escuela de Artes Marciales, Filosofía y Medicina Tradicional China WUDANG SHAN (Granada) ( www.wudangshan-granada.blogspot.com) , así como del Centro de Retiro y Prácticas Taoístas LAGO DE LAS SIETE ESTRELLAS (www.lagodelas7estrellas.blogspot.com).